Fue un día triste, un día en que no dejaba de llorar hasta que me di cuenta de me reconfortaba beberme mis lágrimas. Poco después descubrí que sabían mejor si las mezclaba con un poco de licor de manzana. Pero no hay que beber nunca cuando uno está en estado normal, en ese caso ya no se logra estar contento sin beber y se forma un círculo vicioso y uno ya no para de llorar para poder beberse las lágrimas.
No son lagrimas… sino gotas de memoria que rebosan por mis ojos.


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