Corre. Más rápido, más lejos.
Respira. Tranquilamente, violentamente. Ve. Poco, mucho, en tonos grises, más
allá, más adentro, lo obvio y entre líneas. Escucha tus latidos, los susurros,
el estruendo, los gritos. Siente. Con el corazón, con las tripas, con los pies,
por toda la piel, el fuego, las llamas, el reto, el viento, el miedo, la
lluvia, el frío, el dolor, la felicidad, la desesperanza, la tristeza, la
soledad, el triunfo. Viaja. Cerca, a otro tiempo, alrededor del mundo, o a otro
mundo, hacia adentro, al espacio, a tierras inexploradas, al mar, al desierto,
al bosque, al Polo Norte. Encuentra. La paz, a Dios, una promesa. Sueña.
Despierto o para despertar. Descifra el pasado. Predice el futuro. Espera. Lo
mejor, lo peor, el fin. Pelea. Tus guerras, las de otros, codo a codo, por los
que quieres, por un futuro mejor, por la igualdad y la justicia. Te presento a
Sherlok Holmes, a Sancho Panza, a Edmundo Dantes, a Pedro Páramo, a D'Artagnan,
Athos, Portos y Aramis, a Eddard Stark, a Gandalf el gris, Frankenstein, al
Doctor Jeckill, a Harry Potter, a Romeo, a Hari Seldon, a grandes príncipes y a
un principito, a la tía Daniela y a la tía Chofi. Sigue. Adelante, el hilo, a
alguien, el misterio. Vive. El hoy, el mañana, tu vida, otras vidas, muchas
vidas... sólo leyendo.
Diana Echevarria
