31 de diciembre de 2013

El ultimo abrazo.

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El llego con el ímpetu de siempre, con esa presencia y estampa hermosa, la misma estampa que otras veces había hecho de ella una furia, una pasión, un berrinche, un desconsuelo. Su sola presencia bastaba para todo, era el tsunami que venía a batir la sangre lenta convertida así en torrente burbujeante golpeando las paredes del corazón. Ella tenía presencia, apenas delicada, otras veces brusca, caprichosa y delirante.
Lo vió más indefenso y pequeño, tal vez porque ahora venía desarmado, amorosamente entregado a un tiempo que ya había pasado. Recordó el primer encuentro, cuando no había podido sostenerle la mirada, y relajada, se dejó posar sobre los ojos de él, como quien hecha a dormir una siesta en verano.

Qué triste final y que reposado, acaso era posible sentir paz en ese momento?

Si tan solo se pudiera volver el tiempo atrás pensó él. Si tan solo no hubiera sufrido tanto, pensó ella.
Pero hay veces en que el amor se transforma y tiene esa cosa maravillosa de no morir y de dejar ir. Por un segundo ella lo abrazó, con fuerza, con cariño y con la dicha de haber amado.
Las despedidas son tristes, pero cuando se quiso, no puede haber otra cosa más que el abrazo en el cual se funden todos los días vividos y se firma la hoja, esa que hace un tiempo estaba en blanco, y hoy es un pájaro escondido entre los libros de una biblioteca. Un final guardado entre otros finales.

27 de diciembre de 2013

El es Azul.

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El lleva en el cabello el color del mississippi, y en sus ojos un azul más vaporoso, que se asimila a la bella corriente que va por las orillas con su tenue matizado. Es como un aluvión, pero al mismo tiempo brisa fresca.  Cuando esta cerca oyes una tenue melodía, como oír a Pachellbel en un día de verano. Muestra sus sentimientos en hermosas letras, ama el viento, con el viento produce su arte. Todas son suyas, pero el solamente le pertenece a una, a la que espera cada noche con ojeras en los ojos.

Lo odio y lo amo. Odio y amo esa escala de azules.

“Te amo… ¿Por qué me odias? - Te odio… ¿Por qué me amas?
Secreto es éste el más triste y misterioso del alma.”



Sal con una chica que no lee

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

(Charles Warnke)

Okay.

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"Sentí que me enamoraba de él como cuando sientes que estás quedándote dormida:
primero lentamente, y de repente de golpe."
The Fault in Our Stars

Zelda Sayre y Francis Scott Fitzgerald

Alabama, marzo de 1920

“Miro hacia el camino y te veo venir y veo tus arrugados pantalones emerger de todas las nieblas y brumas y correr hacia mí. Sin ti, querido, no podría ver ni oír ni sentir ni pensar ni vivir. Te quiero y no permitiré que estemos separados una noche más mientras duren nuestras vidas. Estar sin ti es como pedir clemencia a una tormenta o matar la Belleza o hacerse viejo. Tengo tantas ganas de besarte -en la espalda donde te nace el pelo y en el pechote quiero- y no sé cómo decirte hasta qué punto. Pensar que voy a morir sin que lo sepas, tienes que esforzarte por sentir lo mucho que te quiero, lo inanimada que me quedo cuando te vas. Ni siquiera puedo odiar a esa execrable gente. Nadie tiene derecho a vivir fuera de nosotros, y están ensuciando nuestro mundo y no puedo odiarlos porque te quiero demasiado. Vuelve pronto. Vuelve pronto a mí. No podría soportar estar sin ti, aunque me odiaras y estuvieras cubierto de llagas como un leproso, aunque te escaparas con otra mujer y me dejaras morir de hambre y me golpearas, te seguiría queriendo, lo sé.

Amante, Amante mío, cariño. Tu esposa”.


Carta de Zelda Sayre a Francis Scott Fitzgerald.

26 de diciembre de 2013

El es un artista y ella es su pintura y su pincel...



El es un artista y ella es su pintura y su pincel...

Ella cree en hadas, gnomos y sirenas. Él cree que porque ella cree, y cuando sonríe a las estrellas iluminadas por la luz de la luna recién descubierta, el se enamora de nuevo porque quiere, puede y lo hará.
Cada noche la pinta con colores hechos de susurros y fe... "ella es la cosa más hermosa que mis ojos jamás han podido ver", Cuando la besa el saborea una mezcla de humo y cenizas, porque se quema con una pasión tan fuerte, que se lleva todo lo que tiene para no quemarse en ella, con ella.

-crees en el destino? preguntó. Y tan pronto como él ve bailando sus dedos sobre aquellas blancas teclas de marfil, -creo que sí.

Ella da armoniosas vueltas sobre la hierba alta y el observa. - bebé, te ves exquisita. Una mezcla de diamantes y perlas y tal vez un toque de amor.- guardare este momento en lo mas profundo de mi ser. dijo el. Desliza un dedo sobre la línea de su mandíbula, cierra los ojos y comienza a formase una mezcla perfecta de colores.

El solía ser un artista!

Ella se acerco... y susurro una dulce y ultima melodía, coloco un beso ligero en sus labios y comenzó a bailar suavemente en la distancia.-"Quizás este en nuestro destino". Dijo su musa por última vez!

El solía ser un artista... pero ella sigue siendo su pintura, pincel e inspiración.

G. My Beautiful Disaster.