Bueno… Que
pregunta, depende.
Si me preguntan a
mí, basta con un lugar, un personaje o dos, una lapicera y algunos renglones
libres en alguna libreta gastada. Pero para que sea una de “mis historias”
necesito: Mar:
preferentemente en mi país, si es con acantilados mejor, sino con bastos e
interminables médanos y nada de civilización, antenas y ruidos. Música de fondo
a elegir según el día, el humor y la época.
Una mujer que
indefectiblemente lleve el pelo suelto y un vestido largo que se hamaque con el
viento. Con su cara limpia y fresca, con arrugas de tanto llorar y reír, ojos
brillantes y sueños pegados en la piel disimulados por lunares desparramados en
su cuerpo.
De haber un
hombre en la historia, es menester que conozca ese número de sueños –perdón, de
lunares-, que será de varias cifras y habrá contado con paciencia durante
muchas noches de amor e insomnio.
Una casa en
la playa, si es posible de madera y blanca. Un faro a lo lejos, que indique la
partida y la llegada. Una cocina llena de condimentos que amarre al alma y a
los sentidos. Un hogar con leños, un baúl, una manta, el sillón al lado de la
ventana… Y lo más importante: ella que “deja ir” frente al mar.
Un Perro del 70

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