- Me pareces
una mujer extraordinaria, y te quiero, etcétera.
- ¿Etcétera?, ¿cómo
que etcétera? Con lo bien que ibas… Pero eso sólo refleja desinterés o
falta de conocimiento, o las dos cosas…
- ¿Desinterés?
“Etcétera”, del latín “et cetĕra” – algo que tú deberías saber,
ratón de biblioteca -, significa “y todo lo demás”.
- ¿Pero
qué…?
- Te quiero
a ti y todo lo demás. Tu pelo a lo león de la Metro por las mañanas, tu colacao
con grumos, tus libros por todas partes, tus bolas de nieve llenas de polvo,
tus chicles de melón, tus cosas siempre en su sitio, tu pánico a las arañas,
tus historias raras, tus ataques de risa incontrolables y por cosas que sólo tú
entiendes, tus “pause” y rebobina para volver a ver ese diálogo, tus gritos en
la ducha, tus imitaciones, tus palabras al derechas y al revés, tu monopolio de
la cama, tus persianas subidas, tus repeticiones de palabras y versos, tu
adicción a los bolis, a oler los libros, al ron con miel, a la música en
directo, a la luna, a hacer el idiota, a escuchar música todos los días, a
tener la luz encendida hasta las tantas para leer “sólo un capítulo más”, a ser
tú misma y a intentar hacer feliz a todo el mundo…

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