Me preguntas por qué leo. ¿Te cuento el por qué? ¿Sabes?, antes de ese
25 de noviembre jamás habría imaginado tener en el buró varios libros apilados.
Como muchas personas le huía a leer, además de que con él me bastaba. Pero los
días se han convertido en meses y los meses están por llegar a un año. No
encontraba la forma de llenar un poco el hueco que dejó, la forma de calmar la
angustia de no saber en dónde está. Caminé por la tienda como lo hice con él y
mis pasos, acompañados sólo por la soledad de mis pensamientos, la recorrieron
sin rumbo hasta encontrar la sección de libros. Por curiosidad vi los títulos,
los autores, sin que estos significaran algo, y así empezó esta relación, este
nuevo cariño. Los libros han dejado que lo convierta en el protagonista, en un
cómplice. Tenerlo a mi lado, pensar que me puede escuchar cuando leo, calmar
las lágrimas. Ayudan a no sentirme tan sola. Los libros son encontrar en las
palabras de otros que nuestra historia continua, acumular recuerdos que aún no
llegan, vivir en las páginas momentos que tal vez ya no tendré. Estar contenta
cuando voy descubriendo de qué se tratan. Que vuele la imaginación y vengan a
mí imágenes de sueños por cumplir. Ser otra persona. Ayudan a que no duela
tanto su ausencia. Y aunque sé que encontraré un final, este no lo es del todo,
porque siempre habrá un libro esperando, para iniciar una y otra vez.
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