Alabama, marzo de
1920
“Miro hacia el camino
y te veo venir y veo tus arrugados pantalones emerger de todas las nieblas y
brumas y correr hacia mí. Sin ti, querido, no podría ver ni oír ni sentir ni
pensar ni vivir. Te quiero y no permitiré que estemos separados una noche más mientras
duren nuestras vidas. Estar sin ti es como pedir clemencia a una tormenta o
matar la Belleza o hacerse viejo. Tengo tantas ganas de besarte -en la espalda
donde te nace el pelo y en el pechote quiero- y no sé cómo decirte hasta qué
punto. Pensar que voy a morir sin que lo sepas, tienes que esforzarte por
sentir lo mucho que te quiero, lo inanimada que me quedo cuando te vas. Ni
siquiera puedo odiar a esa execrable gente. Nadie tiene derecho a vivir fuera
de nosotros, y están ensuciando nuestro mundo y no puedo odiarlos porque te
quiero demasiado. Vuelve pronto. Vuelve pronto a mí. No podría soportar estar
sin ti, aunque me odiaras y estuvieras cubierto de llagas como un leproso,
aunque te escaparas con otra mujer y me dejaras morir de hambre y me golpearas,
te seguiría queriendo, lo sé.
Amante, Amante mío, cariño. Tu esposa”.
Carta
de Zelda Sayre a Francis Scott Fitzgerald.

No hay comentarios:
Publicar un comentario